19 marzo, 2006
El síndrome de Ottinger
El refrán “dar gato por liebre” nunca soñó con tener su propio síndrome, hoy olvidado y casi desconocido. Y es que la dignidad de lo que el pueblo sabe y conoce no llega casi nunca, únicamente cuando la Academia se pronuncia o cuando alguien la caga.

En la comunicación política y el marketing los asesores crean un perfil público en el que los políticos o candidatos deben encajar. La línea de puntos que indica por donde recortar el personaje la dibujan los gustos mayoritarios de la sociedad, las demandas de los electores y los principios inalienables como la paz mundial y penas más duras para los violadores. Toda una serie de indicaciones que tiene como resultado la edición de la imagen perfecta de un candidato que ganará las elecciones.

Richard Ottinger no era más que un joven político con poca experiencia que se presentaba al senado de los Estados Unidos en 1976. Sus asesores, bien intencionados (y seguro que bien remunerados), pensaron que la mejor manera de presentar a su candidato ante los electores era la de mostrar a un joven seguro de sí mismo, con conocimiento de los problemas de la gente y capaz de acometer aquellas acciones que fueran necesarias para satisfacer las necesidades de los electores. Algo parecido al ejecutivo agresivo de Wall Street que Michael Douglas interpretó en la película de Oliver Stone.

La imagen que crearon tuvo una enorme efectividad. A los ciudadanos les gustaba ese joven dinámico, decidido y con gran independencia. Sin embargo, Ottinger acudió a un programa de televisión en el que se enfrentó con algunos de sus adversarios, quiénes no dudaron en lazarle preguntas concretas sobre problemas concretos. No hubo respuesta. No podía haber respuesta. Tan preocupado de mostrar su perfil bueno, el candidato se olvidó de llenar de contenido su personaje. Los ataques de los demás candidatos dejaron al bueno de Ottinger dudando que responder, sin salida, parado ante la opinión pública mientras su imagen de proto-yupi de desmoronaba dejando ver al verdadero Ottinger.

Desde ese momento, la inadecuación entre la imagen pública de los políticos y la su personalidad se conoce como “el síndrome de Ottinger”. Un concepto en desuso y casi olvidado gracias al excelente trabajo de adiestramiento que los expertos en marketing y comunicación política realizan con sus contratantes. No obstante, los ejemplos de este síndrome son frecuentes.
Por trece pesetas, víctimas del síndrome de Ottinger...

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publicado por Øttinger a las 7:42 PM | Enlace permanente |


4 Postilla (s):


A las10:49 PM, marzo 21, 2006, Blogger el_situacionista

Buenas noches, bienvenido. Gracias por estar aquí.


La Triada está ahora más cerca.

Me alegro de inaugurar el sitio. Queda cortada la cinta de bandera republicana.

 

A las2:03 PM, marzo 22, 2006, Blogger Harry Reddish

Mis felicitaciones más sinceras, ya era hora de que la Academia se manifestara en la red de redes desde su lado más digno y presentable, es decir: tú.
Espero ansiosamente nuevas entradas en tu nuevo y flamante blog... x cierto, me encanta la cabecera... muy elegante

 

A las7:09 PM, marzo 22, 2006, Blogger Øttinger

Agradecido y emocionado...

 

A las8:12 AM, marzo 28, 2007, Anonymous Dragoncete

Hola!

Muy buena idea para un blog, y una bonita historia. Demasiados sindromes creo que hay por ahi sueltos.

Tu blog tiene muy buena pinta y es muy elegante, volveré por aqui :).

Un abrazo

 
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